La figura de Ys, a menudo comparada con una Atlántida bretona, representa uno de los mitos más persistentes y evocadores de la mitología pan-céltica atlántica. Se plantea una pregunta fundamental que cruza la frontera entre la narrativa cultural y la evidencia histórica: ¿Es la ciudad sumergida de Ys un mero producto de la imaginación legendaria o hay algún vestigio real en la arqueología que sustente su existencia? Este artículo aborda ambas dimensiones, explorando la rica tradición mitológica que la rodea y contrastándola con los descubrimientos científicos realizados en las costas de Bretaña. El objetivo es determinar si la existencia de este sitio, ya sea legendario o arqueológico, puede ser considerada un hecho concreto, analizando con rigor los datos históricos y los hallazgos prehistóricos.
El origen mítico de Ys
El relato de Ys se inserta profundamente en el folclore celta, configurando una narrativa de decadencia, belleza y cataclismo. Según la leyenda, esta ciudad fue edificada por el rey Gradlon de Cornualles con el propósito de su hija Dahut, un prodigio de la ingeniería y la riqueza. Ys era un bastión protegido por una muralla vigilada por compuertas que solo el rey podía controlar.
Sin embargo, la prosperidad de la ciudad se vio amenazada por la vida de Dahut. Ella se entregó a la disolución y al lujo desenfrenado, organizando fiestas de excesos que rozaban lo obsceno. La moral de la ciudad decayó hasta un punto donde se obligaba a los jóvenes a portar máscaras, las cuales se arrojaban al mar al amanecer. Ante la creciente decadencia, figuras religiosas, como el obispo Corentin y San Guénolé, intentaron advertir a los habitantes sin lograr cambiar su rumbo.
El punto de inflexión llegó con la pérdida de la llave maestra de las compuertas. Gradlon fue engañado por un príncipe con apariencia extranjera y atractivo, lo que rompió la protección de la muralla. La inundación se desató, arrasando la ciudad. En medio del caos, el rey logró escapar a caballo, asistido por San Guénolé, aunque tuvo que abandonar a su hija en las olas. En la versión más romántica del mito, Dahut se transformó en una sirena, hija del mar, cuya imagen eterna se sitúa cerca de Douarnenez, en la bahía de Poul-Dahut. Este relato es parte de una tradición cultural que se encuentra en diversas variantes a lo largo de toda la céltica atlántica, lo que subraya su poder como narrativa colectiva.
Los hallazgos arqueológicos en Bretaña
Mientras que la leyenda de Ys opera en el ámbito del mito y la memoria, la arqueología ha abierto un debate distinto y tangible en la costa de Bretaña. En esta región, se han realizado importantes descubrimientos de estructuras de piedra graníticas sumergidas. Estos hallazgos, aunque no confirman directamente la existencia de Ys, sí reabren la discusión sobre los asentamientos humanos y la interacción con el entorno marítimo en la antigüedad.
El estudio se centra en once estructuras graníticas localizadas a unos 7 o 9 metros bajo el nivel actual del mar, a aproximadamente 1,9 kilómetros al oeste de la Île de Sein. La datación de estos restos sitúa su construcción en un período muy antiguo, entre 5800 y 5300 a. e. c., coincidiendo con la transición entre el Mesolítico y el Neolítico. Es relevante notar que, durante ese periodo, el nivel del mar era significativamente más bajo, lo que explica la presencia de estas estructuras en el fondo marino actual.
Entre estas estructuras, la más notable es TAF1, un muro monumental de unos 120 metros de largo que atraviesa un valle sumergido. Este muro está compuesto por más de 60 monolitos y losas que alcanzan casi dos metros de altura. La magnitud de este muro es un testimonio de la capacidad organizativa de la sociedad que lo erigió.
Análisis de los hallazgos: función y capacidad social
Los restos graníticos de Bretaña presentan un desafío interpretativo porque no se pueden etiquetar con una única función. Si bien algunas alineaciones sugieren posibles trampas de piedra utilizadas para la pesca de marea, la escala y la naturaleza de los muros más grandes trascienden lo que se consideraría una simple herramienta de pesca prehistórica.
Los investigadores proponen que estas estructuras pudieron haber tenido un propósito más complejo, como la defensa contra temporales o la delimitación de un paisaje que era intensamente utilizado por la comunidad. En cualquier caso, estos hallazgos demuestran una capacidad técnica y social impresionante: la habilidad de una sociedad de ese período para extraer, transportar y colocar bloques de varias toneladas de manera planificada a escala de paisaje.
Es crucial establecer un contexto temporal: estas obras preceden en varios siglos a la aparición de los grandes megalitos característicos de Bretaña. Esto no solo recalca la antigüedad de la civilización costera, sino que también subraya la complejidad de la vida humana en el entorno costero atlántico durante la transición al Neolítico.
Sin embargo, es fundamental ser rigurosos en la interpretación. La arqueología, con toda su sofisticación, no ha revelado cerámicas o restos inequívocos de viviendas permanentes. Por lo tanto, aunque existen pruebas de una costa altamente humanizada y de una ingeniería monumental, los estudios no permiten afirmar la existencia de una "ciudad" en el sentido urbano y complejo que describe el mito.
La relación entre el mito y la evidencia arqueológica
La pregunta central, ¿es la Ciudad Sumergida de Ys un hecho o un mito?, requiere una respuesta matizada que reconozca la diferencia entre una leyenda y un sitio arqueológico.
La leyenda de Ys, con sus detalles de rey, reina, decadencia y cataclismo, es una poderosa narrativa cultural. Su valor reside en su capacidad para reflejar la relación ancestral entre las comunidades celtas y el poder inmenso e impredecible del mar. Es la manifestación de la memoria colectiva de una costa vulnerable a la subida del nivel del mar y a la fuerza destructiva de la naturaleza.
Por otro lado, los sitios arqueológicos de Bretaña son hechos tangibles. Nos confirman la presencia de sociedades complejas, altamente planificadas y con ingeniería avanzada en la antigüedad, que interactuaron profundamente con el entorno marino. Estos hallazgos revelan una costa ocupada y gestionada por humanos hace miles de años.
En conclusión, la arqueología no confirma la existencia de la "ciudad" de Ys como se describe en la leyenda. Sin embargo, la existencia de estos impresionantes sitios arqueológicos subacuáticos en la región atlántica refuerza el marco temático de la leyenda. En lugar de ser una refutación absoluta, la evidencia material de los asentamientos prehistóricos actúa como un eco tangible de esa memoria colectiva. La historia de Ys, en su forma más amplia, puede verse como la fusión de una realidad histórica de una costa humana y vulnerable, magnificada y eternizada por el poder del mito.